Garlopa.—Ande usted adelante. (Empujándola para
que entre.) 5
Isidra.—¡Ay, hijo, qué bárbaro eres!
Garlopa.—Es favor. (Deteniéndola al ver que va á
entrar en el gabinete.) ¿Pero á dónde va usted?
Isidra.—Pues adentro.
Garlopa.—Señora, siéntese usted ahí y espere á que 10
nos llamen, que hay que aguardar turno.
ESCENA XVI
dichos, don atilano, en el gabinete
Atilano.—Estoy resuelto á todo. Esta última copita
me ha animado mucho. ¿Habrá alguien? (Abre
la puerta.) Adelante, pasen ustedes. (Entran en el
gabinete.) 15
Garlopa.—Buenos días. ¿Está usted bien? ¿Y la
familia? (Dándole la mano con tal fuerza que le lastima.)
Atilano.—¡Ay! Bien, gracias.
Garlopa.—Me alegro mucho. Pues aquí tiene usted
á esta señora que viene á que la vea usted eso.
Atilano.—¿Y qué es eso?
Isidra.—Pues le diré á usted: yo creo que esto me
ha salido á consecuencia de un sofoco. 5
Garlopa.—El señor no tiene para qué enterarse de
esas cosas. Usted le enseña lo que trae y se acabó.
Isidra.—¡Pues vea usted! (Se quita el pañuelo y
muestra el carrillo inflamadísimo.)
Atilano (Retrocediendo).—¡Dios mío! 10
Garlopa.—¿Es bueno, eh?
Atilano.—¡Atroz!
Garlopa.—Pero yo creo que con un pinchazo en su
sitio...
Atilano.—(Ó media estocada.) 15
Garlopa.—Ande usted á sentarse y á acabar pronto.
El miedo no sirve para nada. (Empujándola hacia el
sillón.)
Isidra.—Diga usted, caballero, ¿me hará usted
mucho daño? 20
Atilano.—Muchísimo.
Garlopa.—No le diga usted eso, hombre.
Atilano.—Yo ante todo la verdad.
Garlopa.—¡Pues qué remedio! (La obliga
á sentarse.) 25
Atilano.—¡Si esto es un melón!
Garlopa.—Yo creo que ya está maduro.
Atilano.—¡Qué sé yo, qué sé yo! La verdad...
no me atrevo á calarlo.
Isidra (Asustada).—¿Eh? 30
Atilano.—Á sajarlo.
Isidra.—¡Ah!
Atilano.—Es preciso esperar, no hay otro remedio.
Se enjuaga usted con malvavisco y adormideras.
Isidra.—Ya lo he hecho.
Atilano.—No importa, se enjuaga usted más. (Eso 5
no puede perjudicarla.) Y mañana... ó pasado, vuelve
usted por aquí.
Garlopa.—Pero, hombre...
Atilano.—No está en disposición de operarse.
Isidra (Levantándose del sillón y poniéndose el pañuelo).—Ya10
decía yo que esto estaba muy duro.
Garlopa.—Vaya, pues dejarlo. ¿Qué le debo á
usted?
Atilano.—La consulta, dos duros.
Garlopa.—¿Cómo? 15
Atilano.—Dos duros...
Garlopa.—¿Dos duros? Hombre, usted está demente,
de por fuerza. (Sonriendo.)
Atilano.—Es lo que llevamos.
Garlopa.—Vamos, hombre, que usted no me conoce 20
á mí. (Muy amable.)
Atilano.—No tengo ese gusto.
Garlopa.—Pues va usted á conocerme. (Á gritos.)
Isidra.—(Págale y calla.)
Garlopa.—No me da la gana. Pues hombre, dos 25
duros por no hacer nada.
Atilano.—Bueno, pues déme usted lo que guste y
vaya con Dios.
Garlopa.—¡Dos duros!
Atilano.—¡Francisco! (Yendo á la puerta del 30
foro.)
Garlopa.—Llame usted á quien quiera; pero yo no
pago los dos duros.
Atilano.—Está bien, no dé usted más voces...
¡Francisco!
ESCENA XVII
dichos, francisco
Garlopa.—¡Pues no faltaba más! 5
Francisco.—¿Qué pasa, qué es esto?
Atilano.—Acompaña á este caballero y á esta
señora.
Garlopa.—Ni que robara uno el dinero. ¡Dos
duros! ¡Dos duros! 10
Francisco.—Haga usted el favor... (Empujándole
suavemente y haciéndole salir del gabinete.)
Garlopa.—No me toque usted, que ya me marcho.
(Salen á la sala.)
Isidra.—(¡Ten prudencia, por Dios!) 15
Garlopa.—Cállese usted si no quiere que le iguale
los dos carrillos.
Isidra.—(¡Ay, qué bruto!)
Garlopa.—¡Dos duros! ¡Dos duros! ¡Ni en Sierra
Morena! ¡Dos duros! (Vanse.) 20
ESCENA XVIII
don atilano y francisco, ya en la sala
Atilano.—¡Gracias á Dios! ¿Lo ves? Como me
dijiste que por la cosa más sencilla se llevaba dos duros...
ahí tienes las consecuencias. ¡Un escándalo!
Francisco.—Eso ya pasó, no se preocupe usted.
Venga mi duro.
Atilano.—¿Qué duro?
Francisco.—El que me corresponde de los dos.
Atilano.—Si no me ha dado nada. 5
Francisco.—¡Hombre! ¿Y arma esa bronca? Voy
á decirle... (Deteniéndose á la puerta.) ¡Ah! Viene
alguien. Ande usted adentro. (Don Atilano entra rápidamente
en el gabinete.)
Atilano.—Con esta cuestión me he puesto más 10
nervioso.