A esta interpelacion se manifestó otro hombre en la cámara.
—¿Habeis llamado, señor Ferrus?
—Sí: ¿se ha recogido todo el mundo?
—Solo queda en pie el ballestero de la parte esterior de la puerta.
—Bien.
—Y yo, que como camarero de nuestro amo estoy aguardando su venida para prestarle los servicios de mi cargo.
—Es inútil: yo le serviré.
—Mirad que soy su camarero.
—Le serviré, os he dicho; sé sus intenciones.
—En ese caso me retiraré.