De un ardiente amor vencido,
dice:—De cuatro elementos;
el fuego tengo en mi pecho,
el aire está en mis suspiros,
toda el agua esta en mis ojos,
autores de mi castigo.
Romance del rey Rodrigo.
Hácia otra parte del alcázar de Madrid, y en un aposento que á su llegada se habia secretamente aderezado por las gentes de Villena, descansaba reclinado en un modesto lecho un caballero á quien no permitia cerrar los ojos al sueño un amargo pesar, de que eran claros indicios los hondos y frecuentes suspiros que del pecho lanzaba.
Algo apartado de él aderezaba una ballesta con aquel silencio de deferencia propio de un inferior, y á la luz de una mortecina lámpara que sobre una mesa ardia, aquel mismo Hernando que tan intempestivamente habia distraido de la caza al conde de Cangas y Tineo, segun en el primer capítulo de nuestra verídica historia dejamos referido.
A los pies de entrambos dormia un soberbio can, de la familia de los alanos, y su inquietud y sus sordos é interrumpidos ronquidos, único rumor que en medio del profundo silencio variaba la monotonía de los suspiros de su amo, daban lugar á sospechar que soñaba acaso hallarse en persecucion de algun azorado javalí en medio del monte enmarañado.