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—¿Por qué me tiraste, infante?
¿por qué me tiras, traidor?
—Perdóneme tu alteza,
que no tiraba á tí, no.
Rom. ant. del infante vengador.
No bien hubo llegado don Enrique á su cámara despachó á sus caballeros, y solo quedó á su lado su predilecto escudero: depuesta alli la falsa máscara de la pena, cuando hubo quedado solo el intrigante conde con Fernan Perez de Vadillo trabó con él una breve conversacion.
—Fernan, nada tenemos que temer.
—Siempre tiene que temer quien no obra bien, señor.
—¡Fernan!