—Vamos de aqui, Hernan. Juro no abrir libro ni hacer trova, y júrolo por el apostol Santiago, hasta no tener en mi poder al insolente doncel que de tal manera ha burlado mi esperanza. Ahora está libre vive Dios, y puede hacernos mucho mal. Alvar tu fidelidad será recompensada.

Inclinóse Alvar, y nuestros tres predilectos personages salieron silenciosamente á la galería; regocijado Ferrus de verse libre, en poder de su señor legítimo, y disipado ya el nublado que sobre su cabeza tronaba desde la noche anterior; disimulando Hernan la risa que en el cuerpo le retozaba al recordar á sangre fria el chasco inesperado; y mohino por demas el desairado conde, á cuya imaginacion se agolpaba entre otros peligrosos recuerdos el del secreto que habia imprudentemente confiado al perseguido doncel, y dándole no poco cuidado la reflexion de no haberle visto en la corte, siendo asi que ya no era la causa que él habia pensado la que podia habérselo impedido.




CAPITULO XIII.


¿Qué es aquesto, mi señora?

¿quién es el que os hizo mal?