—Lo sé... y...

—Pero sabed que le esperé inútilmente dos largas horas, mas largas que las del arenero...

—¿Inútilmente?

—Si, pero por fin llegó.

—¿Llegó? ¿Con que no era él el...? ¡Yo os bendigo, Dios mio...! Sigue.

—¡Si le vierais qué agitado! descompuesto el cabello, espantados los ojos, entró en su cámara y no me vió:—Negra suerte, esclamó, y despedazó con sus manos el laud que traía cruzado sobre la espalda. ¿No me servireis, dijo rompiendo las cuerdas, sino de gemir eternamente? vióme en seguida: ¿qué haces aqui? me dijo con voz terrible; pero al reconocerme templóse toda su ira. Page me dijo entonces con voz mesurada, ¿tornas aun con nuevas demandas del hechicero?

—¡Ah! si supierais quién me envia, dije entonces, si supierais que una hermosa dama...

—Silencio, esclamó, no pronuncies su nombre... ¿Es posible?—Díjele entonces la comision que me dísteis en nombre de la señora condesa: largo rato suspiró y miró al cielo sin hablar.—Page, me dijo en fin, no nos veremos mas. He creido que mi brazo podia ser útil á una inocente; pero si es fuerte contra los hombres, es impotente contra los recursos de una ciencia misteriosa y... maldecida. El infierno me envia enemigos en medio de la soledad, y la Madre de Dios me abandona. Un acontecimiento estraordinario ha interrumpido mis avisos. He rondado la noche toda para volver á entrar en el alcázar; las órdenes mas rigurosas, dadas no sé por quién despues de mi salida, me han impedido verificarlo. He debido esperar á que entrase el dia para que no fuese mi entrada sospechosa. Pero mañana el alba me encontrará lejos, bien lejos de Madrid. Si alguna muger necesita mi amparo en cualquier ocasion, mal pudiera negársele un doncel de don Enrique. Dígame qué puedo hacer: por mí lo ignoro. A Dios.—Apretóme la mano de una manera, prima, que yo creí que le atormentaban otros recuerdos que los de nuestra amistad. Envolvióse entonces en su pardo gaban, y cubriéndose con él la cabeza, oíle sollozar y salí. Hé aqui, prima, las nuevas.

—Tristes, bien tristes, dijo pensativa Elvira. ¿Y de la condesa supiste...?

—¿La condesa? ¿Es su confidenta la que me pregunta...?