—De nada le hubiera servido esa aficion para conmigo...

—Conozco vuestra virtud... pero pudiera muy bien...

—¿Sí? ¿y qué? ¿para qué negarlo? largo tiempo duró su persecucion; pero si alguno de los dos puede aborrecer al otro por ese recuerdo, él es y no yo...

—Lo sé, señora...

—Por lo que á mí hace, me ha movido la amistad que á la condesa, mi señora, siempre he profesado, y el cielo; no otras consideraciones. Las que puedan moverle á él contra mí me interesan poco, Abenzarsal. Hállome bajo la proteccion de las leyes, bajo la salvaguardia de mi estado, bajo la custodia ahora de su alteza mismo.

—Decís bien, hermosa dama. Perdonadme si no entro ahora mismo á hablar por vos á su alteza; pero tengo para mí que ha de estar en su cámara todavia su doncel favorito, cuya larga ausencia no podia menos de dar lugar ahora á largas entrevistas. ¿Conoceis supongo al doncel Macías? ¡pero qué distraccion! es vuestro defensor.

—Sin embargo, respondió la dueña cubriéndose el rostro con su abanico morisco, nunca le hablé...

—¿No?

—Ya visteis que su presencia en la corte no tenia indicio de cosa premeditada de consuno. La casualidad sin duda le trajo... á tiempo que ningun caballero de la corte de don Enrique queria arrostrar por una débil muger el poder del insolente Villena.

—Y su bizarro valor fue en ese caso y su cortesanía lo que le obligó á...