—¡Oh! eso no es nada. Mas es de admirar la cobardía de los demas caballeros que su valor. Ese es deber...

—No sereis vos sin embargo, prosiguió el astuto astrólogo, la que negareis al único caballero que os ha librado del riesgo en que estabais las brillantes y peregrinas dotes que Castilla toda le concede...

—Ciertamente, no. ¿Sabeis qué hora es?

—Aqui teneis el arenero... Un solo defecto suelen encontrarle...

—¿A quién?

—Al doncel.

—¿Y cuál? repuso la dama afectando una indiferencia que por cierto no sentia.

—Nada; dícese que nunca se le ha conocido dama alguna: sin embargo tiene edad ya de enamorarse.

—¿Quién sabe si lo estará realmente? ¿Es forzoso decir á gritos...?

—No; pero sabeis que á su edad es raro el caballero que no puede llevar un mal lazo, una banda, prenda del amor de su dama. Hasta es desdoro. Como no sea que adore en secreto á alguna belleza cuyo mote no pueda llevar...