—Sí; mi campeon; repuso la enlutada con un suspiro escapado del pecho á su pesar.
—Como querais. La posicion en que está para con vos, ese misterio que os empeñais en guardar, la compasion que inspirais, y el entusiasmo al mismo tiempo á que inclina el hermoso rasgo de amistad que habeis...
—No me lisonjeeis, y acabad.
—Todo eso, pues, hará nacer acaso en su imaginacion ideas que no habrá tenido nunca tal vez, y en su corazon una aficion...
—Perdonad, Abrahem, si os interrumpo pero admiro vuestra penetracion. ¿Habeis conocido antes en mi rostro que me sentia incomodada...?
—¿Será cierto? esta conversacion...
—No, la conversacion no, repuso la dama reclinándose; pero la agitacion del dia, la precipitacion ademas con que he tenido que andar no me ha permitido tomar alimento y siento una debilidad...
—¿No os decia yo? la palidez de vuestro rostro me lo anunciaba. Ved qué necio, y yo creía que era la conversacion... ¡Qué tontería! Ya veo que el dia que habeis traido hoy es mas que suficiente motivo...
—Decís bien.
—Ya sabeis que mi primera ciencia es la de curar, si quereis seguir mis consejos...