—No, no hay necesidad.
—Presto conoceréis sus efectos; es maravillosa la virtud de la bebida; al principio parecerá quitaros las fuerzas; pero despues... Y obra con una rapidez...
—Sí; paréceme que siento como pesadez...
—¿No os dije? acaso os hará dormir...
—¡Dormir, Dios mio! y aqui...¡Abrahem!!
—¡Señora!
—¡Santo Dios! ¿por qué no me lo habeis dicho?
—¡Oh! será un momento... una hora...
—¡Una hora, Abrahem! Quiero marcharme... Me pondré el antifaz...
—¿Qué decís? si quereis mi lecho...