que allá bajo relinchó?

. . . . . . . . . .

¿Cuyas son aquellas armas

que estan en el corredor?

. . . . . . . . . .

¿Cuya es aquella lanza

que desde aqui la veo yo?

Canc. de Rom. Anón.

Mas de una hora habia pasado desde que el intrigante viejo habia sepultado en letargo profundo á la incauta enlutada, y no habia alterado en aquel espacio el mas mínimo ruido la tranquilidad que en el laboratorio reinaba.

Por fin dos hombres, vestido el uno de rica y vistosa seda, de tosco buriel el otro, armado aquel simplemente con una espada, balanceando éste en su diestra mano un aguzado venablo, entraron en la pieza inmediata á la del astrólogo.