—¿Qué hablais, señora? no veniamos á salvaros: no presumiamos siquiera que vivieseis: el bárbaro que ha osado reduciros á este estremo no se ha contentado con una presa. Sin embargo en el momento actual vuestra presencia nos hace mas falta de todas suertes que un ojo avezado al cazador. Vuestra presencia va á confundir la iniquidad, y á atajar acaso un torrente de sangre.
Mucho tardaron Hernando y Peransurez en determinar á la desdichada á que los siguiese; sus preguntas exigian larguísimas esplicaciones, que no podian darse en aquel momento sin comprometer la suerte de una espedicion tan incierta y azarosa ya por sí. A poder de ruegos en fin y de observaciones logróse de ella que dejase el satisfacer sus dudas para mejor ocasion; el tiempo urgía: nuestros dos reverendos habian pasado ya gran parte de la noche en dar con la prision, y despues de tantos afanes faltábales aun desempeñar la verdadera mision que en tal peligro les habia puesto.
Resolvióse unánimemente que Hernando se despojaria del hábito que sobre su trage traía, y que lo vestiria lo mejor que pudiese la recien libre cautiva, porque si bien su estatura era muy diversa, tambien era de advertir que habian entrado de noche, que iban á salir al rayar el alba, y que probablemente no estarian á su salida de faccion los mismos que lo habian estado á su entrada. Dos frailes habian entrado: dos frailes salian: nada habia que decir, si durante la noche no se descubria su accion, cosa dificil, pues habian quedado cerrados por dentro y amordazados Ferrus y Rui Pero. A la salida ningun ostáculo podrian encontrar dos frailes, pues durante la cena se habia dado la orden de abrirles el rastrillo en cuanto se dejasen ver á la puerta al amanecer.
Cortó, pues, Hernando el hábito con su cuchillo de monte, y dejólo mas adaptado á la estatura de la hermosa. Hecho lo cual trataron de buscar por la parte, que no habian recorrido aun, la prision del doncel, dejando para despues de encontrarla el determinar la forma de sacarle y salir el mismo Hernando del castillo, cosa que á éste le parecia sencillísima; pues todo se lo parecia cuando era hecho en obsequio de su señor, y cuando tenia en la mano su venablo y al lado su fiel Bravonel; el cual los seguia silenciosamente toda la noche como si estuviera penetrado de lo mucho que convenia el sigilo en aquella peligrosa tentativa.