Ya la gran noche pasaba
é la luna sestendia:
la clara lumbre del dia
radiante se mostraba;
al tiempo que reposaba
de mis trabajos é pena
oí triste cantilena
que tal cancion pronunciaba.
Don Enr. de Vill. Querella de amor de Mac.
No bien hubieron tomado la determinacion que dejamos referida, echáronse á buscar otra salida, dispuestos siempre á hacer callar con sus venablos á cualquier centinela imprudente que hubiese podido comprometer su existencia. Felizmente no encontraron ninguno en dos escaleras que bajaron. Al fin de ellas una tronera les permitió reconocer la parte de la torre en que se hallaban: estarian como á diez varas del pie de la muralla interior.