¿Por qué, justos cielos, en pecho amador

tiranos me disteis una alma de fuego?

¿Por qué sed nos disteis, si en tósigo luego,

bebido, en el pecho, se torna el licor?

Contempla, señora, mi acerbo dolor.

¡Ay! torna á mis brazos, ven presto, mi Elvira;

ingrata; aunque sea, como antes, mentira,

la dicha me vuelve, me vuelve tu amor.

No mas á mis ruegos te muestres impía,

ó pérfida hermosa, muy mas aun ingrata.