—Amen.
—Amen.
—Pues sí; hay quien dice que entre el judío y el de Villena han echado un conjuro al señor doncel, aquel caballero tan cumplido, y le tienen en una redoma mas larga que la cigüeña de la torre, donde ha de estar cuarenta dias para convertirse luego en cuervo como el rey Artus.
—¡Otra tenemos! gritó soltando la carcajada un petrimetre incrédulo de aquel tiempo. ¡Buena está la invencion de la redoma! El hecho de verdad es que ese caballero tan cumplido andaba enredado en amores con la dama acusadora; hálos sorprendido el marido, y...
—¡Jesus! ¡Jesus! Dios nos perdone, y qué cosas oye uno á los barbilampiños de estos tiempos, esclamó una dueña quintañona, hincando el codo para pasar, y mirando con ojos zainos á un mancebito que parecia mas reservado que el que tenia la palabra. ¡Hé aqui por tierra en un instante el honor de una dueña!
—Vaya, madre, no se enfade, repuso el que habia recibido la repasata, y cuide de su honra, sin andar enderezando la de nadie, que todos habemos menester...
—¿Qué irá á decir el desvergonzado? interrumpió toda azorada y encendida la quisquillosa mogigata.
—¡Ea! ¡ea! dijo Nuño; dejen esas cuestiones, y miren á los trompeteros que se entran ya en el palenque. Seor montero, veníos hácia acá; continuó, y veamos de dar la vuelta á la plaza, por si podemos llegar á dar esas letras que traeis al señor justicia mayor.
Acababan de entrar efectivamente en el palenque dos trompeteros anunciando con fúnebre sonido el principio de la ceremonia del combate. Venia detras de las trompetas un rey de armas y dos farautes. Seguian ministriles con instrumentos músicos, y varios ministros del justicia mayor; dos notarios para testimoniar y dar fé de lo que acaeciese; los dos jueces del campo elegidos por su alteza, que fueron el muy buen condestable don Rui Lopez Dávalos y el juicioso y entendido en armas y letras don Pedro Lopez de Ayala. Detras el justicia mayor Diego Lopez de Stúñiga, vestido como los demas de gala y ceremonia cerraba la comitiva. Subió toda al cadalso revestido de paño negro, en el cual se colocó segun la preeminencia de puestos debida al empleo de cada uno, y á ella se agregaron dos persevantes. Entró en seguida en su balconcillo, ó mirador, su alteza acompañado de su físico Abenzarsal, del arzobispo de Toledo, de su confesor fray Juan Enriquez, y de varias dignidades de palacio que á semejantes oficios debian seguirle.
Proveyeron los jueces la liza de gente de armas que asegurase el campo, y fueron treinta buenos escuderos con mas ballesteros y piqueros; de los cuales colocáronse unos en ala bajo el balconcillo de su alteza, y otros en varios puntos estremos de la liza.