—Pero mi suerte lo dispuso de otra manera: tenía yo aquel día un compromiso de honor; la baronesita y yo habíamos quedado en ir juntos a Chamartín a pasar un día; era imposible ir en su coche; es demasiado conocido...

—Adelante.

—Era indispensable tomar yo un coche, disponer una casa y una comida de campo... a la sazón me hallaba sin un centavo; mi honor era lo primero, además que andan las ocasiones por las nubes...

—Sigue.

—Empeñé la repetición de mi amigo.

—¡Por tu honor!

—Cierto.

—¡Bien entendido! ¿Y ahora?

—Hoy como con el marqués, le he dicho que la tengo en casa compuesta y...

—Ya entiendo.