—¿Yo madrugar, tío? Todavía no me he acostado.

—¡Ah, ya decía yo!

—Vengo de casa la marquesita del Peñol, hasta ahora ha durado el baile; Francisco se ha ido a casa con los seis dominós que he llevado esta noche para mudarme.

—¿Seis no más?

—No más.

—No se me hacen muchos.

—Tenía que engañar a seis personas.

—¿Engañar? Mal hecho.

—Querido tío, usted es muy antiguo.

—Gracias, sobrino, adelante.