Donde marcha la faz bañada en risa,
El crimen descarado; alta la frente,
Corrompiendo el terreno por do pisa...
¿Y esto es vivir, Andrés? ¿Y entre esta gente
Me invitas á quedarme? ¿Por qué indicio
Pudiste sospechar que esté demente?
Viva aquí el abogado que en su oficio
Hace blanco lo negro, y que defiende
La virtud ofendida como el vicio.
Y el médico aquí viva, que se entiende
Con algún boticario, y nos receta
Drogas que á medias con aquél nos vende.
Mas yo, que soy un mísero poeta,
Antes que por decir verdades claras
En un encierro un alguacil me meta,
Y me cuesten mis sátiras más caras,
Ó en el hospicio muera miserable,
Quiero de riesgo huir doscientas varas:
Que ni es lícito hablar, donde intratable.
Pone á la lengua mordaza el miedo,
Y ¡ay del primero que rompiéndola hable!
Á Dios te queda, Andrés, que ya no puedo
Tanta bilis sufrir, ni tanta ira,
Y ¡ay de mí, triste, si á verterla quedo!
Que si Apolo su fuego no me inspira
Para hacer buenos versos contra el vicio,
Sabrá mi indignación templar mi lira.
Y mientras que huyo el riesgo á su ejercicio
Viva en la corte el que aguantarle sabe,
Y el que de embrollos gusta y de bullicio,
Viva en la corte, y que la corte alabe.