Y el quemarme las cejas? ¡Qué locura!
Cómanse con el resto ese dinero,
Ó al hospital lo den para una cura.

¡No hay vates! gritarán, ¡en lastimero
Estado el teatro está!... Díme, ¿los vates
Se mantienen de versos, majadero?

¿Ó no hay más que zurcir seis disparates
Para granjear aplauso? ¿hacer escenas
Tan fácil es como decir dislates?

¿Y quién protege las comedias buenas?
¿Los señores acaso? ¿El...? ¡Vive el cielo!
¡Y las oyen tal vez á duras penas!

Mal haya para siempre el torpe suelo
Donde el pícaro sólo hace fortuna;
Donde vive el honrado en desconsuelo;

Donde es culpa el saber; donde importuna
La ciencia, y donde el genio perseguido
Ahogados mueren en su propia cuna;

Donde no es otro mérito atendido
Que el oro; donde al mísero atropella
El coche de un bribón vano y henchido;

Donde en millones nada, por su estrella,
Quien al pueblo los roba desangrado
En un destino que le dió una bella;

Donde al ciento por ciento da prestado,
Sin que nadie lo mate, un usurero,
Y vive rico, alegre y respetado;

Donde el abate, aquel farandulero,
Que mudó de opinión cual de camisa,
Lleva su moza al Prado de bracero;