La voz pública, Andrés, un... pero ¡chito!
Huye conmigo, Andrés; antes nos vamos,
Que trague tanto crimen el Cocito.
¿Qué haremos por acá los que ignoramos
El fraude, y la lisonja, y la mentira,
Y los que por orgullo no adulamos?
Vibrar no sé para adular mi lira,
Ni aguantar supe nunca humillaciones;
La voz entonces de mi labio espira.
¿Qué suerte haré yo aquí con mis renglones,
Yo que el humo jamás echo á ninguno
Del incienso vertido en mis borrones?
¿Yo que no tengo el diálogo oportuno
De Inarco, ni su sal para la escena,
Ni el aura injusta y popular de alguno?
Aunque haga una comedia mala ó buena,
Si no entiendo del teatro las intrigas,
¿Cuándo á pública luz saldrá mi vena?
Si no tengo allá dentro un par de amigas,
Y no adulo el cortejo que las paga,
Serán de mis comedias enemigas.
¿He de alabar á un necio que se traga
Como agua la alabanza no adquirida,
Aunque el papel destroce ó lo deshaga?
¿Ó he de sufrir, en fin, cuando aplaudida
Mi comedia enriquezca el escenario,
Que mil reales me den? No, no por mi vida.
¿Pido limosna acaso, ó perdulario
Coplero soy de esquina por ventura?
¿Y eso ha de producirme el incensario,