—¿Qué habéis soñado?
—Tonterías; pero cuando está una afligida y prevenida por una idea... no sé qué efecto...
—Contad.
—Nada; soñé que había estado en la corte no sé por qué accidente, y que una dueña enlutada se había aparecido á pedir justicia...
—Proseguid, dijo temblando Vadillo.
—Sus facciones eran las de la condesa, su voz la misma: arrojéme á abrazarla y...
—¿Vos?
—Yo, y me rechazó: «Aparta, dijo; estoy manchada de sangre: ¿no la ves correr aún?». Un chorro entonces pareció salpicarme toda y temblé... Pero ¡Dios mío! vos tembláis también.
—No.
—Sí.