De que podrás inferir, Andrés, cuán dañoso es el saber, y que verdad es todo cuanto arriba te llevo dicho acerca de las ventajas que en esta como en otras cosas á los demás hombres llevamos los batuecos, cuánto debe regocijarnos la proposición cierta de que

«En este país no se lee porque no se escribe, y no se escribe
porque no se lee»;

que quiere decir en conclusión que aquí ni se lee ni se escribe; y cuánto tenemos por fin que agradecer al cielo, que por tan raro y desusado camino nos guía á nuestro bien y eterno descanso, el cual deseo para todos los habitantes de este incultísimo país de las Batuecas, en que tuvimos la dicha de nacer, donde tenemos la gloria de vivir, y en el cual tendremos la paciencia de morir. Á Dios, Andrés.

Tu amigo el bachiller


NOTAS:

[1] No comprendemos en estas proposiciones generales tal cual joven aplicado, tal cual poeta original, tal cual hombre de nota que se esfuerzan por salir del común oprobio que nos alcanza, descollando entre el general abatimiento, y luciendo como menuda luciérnaga entre las tinieblas de oscura noche. ¿Qué significan estas contadas excepciones? Por mucho favor que les haga tal conducta, y por muchos elogios que merezca, no basta su número tan corto para destruir la triste verdad general, que de medio á medio nos coge y nos abruma.

Ni menos tratamos de olvidar en nuestros folletos los elogios y agradecimiento que merece de nuestra parte el ilustrado gobierno que nos rige, y que tanto impulso da al adelanto de la prosperidad y de la ilustración; antes bien clara se manifiesta nuestra intención de cooperar á su misma benéfica idea con nuestros débiles conatos. ¿Pero acaso puede enderezarse en un día el vicio de tantos años y aun siglos? ¿Puede ser dado á la penetración, ni á la fuerza del mejor gobierno, romper tan pronto, ni desvanecer del todo tantos obstáculos como oponen la educación descuidada, las ideas viciadas, y un sinnúmero, en fin, de circunstancias que no son de nuestra inspección, y que gravitan en nuestro mal? Luengos remedios necesitarán acaso tantos males. Esperemos que algún día hemos de ver triunfar sus esfuerzos, y cooperemos todos en el ínterin con los nuestros.

[2] Reproducimos las ideas de nuestra nota número 1.º. Algún excelentísimo señor pudiéramos nombrar amigo de las letras y de las artes y Mecenas de literatos y artistas, y de buena gana le nombráramos á no temer ofensas de su modestia, empero si bien esto basta á probar que hay algún protector, no así convence de que haya protección. Demos á Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

EMPEÑOS Y DESEMPEÑOS