«¡Ay, que me fué tan buena, tan virtuosa!».
¡Embustero! Ponzoña tan nociva
Guarde encerrada la inclemente losa.
Vaya; entiérrela presto, no reviva,
Y descanse del susto el maridazo.
Mas si tanto la quiso cuando viva,
Calle y llore en silencio su porrazo;
Que más dice una lágrima abrasada,
Que no el yerto poema de un pelmazo.
¿Yo á todo he de hacer versos? ¡Qué! ¿Templada
Habrá de estar mi musa á todas horas,
Y á todo como cera preparada?
Pues deja, que ya atruenan las sonoras
Campanas y cañones. ¿Por ventura
Públicas fiestas hay? ¡Bien! Las canoras
Liras se templen, porque el tiempo apura.
Versos haya en las próximas funciones.
Versos vomite el vate con premura[4].
Ya el resplandor de innúmeros hachones,
Que confunden la noche con el día,
Nos deslumbra en ventanas y balcones.
Y no es nada la pública alegría,
Ni es la función magnífica y completa
Si el vate no aumentó la algarabía.
Fulmine la Tertulia á la Luneta
En papeles azules y encarnados
Las lisonjas del mísero poeta;
Como suelen llover santos pintados,
Concluida la cuaresma, en aleluyas,
Que arrebatan los chicos á puñados.