Una carcajada de Ferrus al concluir estas palabras probó que todavía no había perdido la costumbre, que se había hecho en él naturaleza, de decir bufonadas á todo trance, á pesar de su nueva dignidad.

De allí á poco entraron humildemente en el salón dos reverendísimos padres, cuyos hábitos derramaban á hilos el agua, como un paraguas expuesto por gran rato á la lluvia, y que se arrima á un rincón á medio cerrar.

Saludáronlos cortésmente nuestros dos amigos, y después de los primeros cumplimientos los invitaron á que se acercasen para secar sus hábitos al hogar, donde quedaron mirándose unos á otros largo espacio los dos opuestos alcaides y los dos bien avenidos frailes.


CAPÍTULO XXXV

Mentides, fraile, mentides,
Que no decís la verdad.
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Mató el fraile al caballero,
Á la infanta va á librar:
En ancas de su caballo
Consigo la fué á llevar.

om. del conde Claros

Al entrar los dos modestos frailes en la sala, no había dejado de llamarles la atención el agradable pasatiempo en que entretenían sus ratos perdidos el antiguo y nuevo alcaide. Habíanse mirado uno á otro como inspirados de la misma idea, y este movimiento hubiera sido notado de los defensores del castillo, á no ser porque, no habiendo creído éstos que tendrían ya visitas con quien guardar ceremonia, habían menudeado en realidad del tinto más de lo que á su prudencia convenía; su misma posición les había excitado á beber, y aun hay cronistas que aseguran que deseosos uno y otro de no tener compañero en el mando, y demasiado confiado cada cual en su propia resistencia, se habían animado recíprocamente á beber por ver si conseguían privar al colega; plan que, merced á la igualdad de sus fuerzas, había resultado en detrimento de la razón de entrambos.

—¡Por san Francisco! perdonen vuestras reverencias, dijo Ferrus, si les han hecho esperar á la intemperie más de lo que ese hábito que visten merece. Pero sepan que á él solo deben esta acogida, porque el castillo á que han llamado no es en realidad de los más hospitalarios que pudieran haber encontrado en su camino.

Pax vobiscum, dijo el menos corpulento de los padres con voz grave.