—Parece que no, pues de Andújar pasa su alteza á Córdoba; desde allí irá en la barca grande, el Guadalquivir abajo, á Sevilla, pues que está su alteza muy doliente, y no le deja caminar á caballo su físico Abenzarsal. Pero en atención á todo esto, yo partiré mañana de madrugada.

—Sea en buen hora, como gustéis, repuso Ferrus. Esto entre tanto no altera el orden de nuestra cena. Podéis retiraros, buen hombre, añadió Ferrus al emisario.

—Que os den de cenar, dijo Rui Pero al mismo, y disponeos mañana á venir conmigo á la corte.

Retiróse el emisario, y siguieron cenando nuestros cuatro paladines, y conversando acerca de la determinación del rey, y del singular acaecimiento que los había acercado tanto á la corte.

—Bueno fuera, señor alcaide, dijo Peransúrez dirigiéndose á Ferrus, que era el más afectado del licor, bueno fuera que hubieseis de hospedar en este castillo á la corte...

—¡Ba!, dijo Ferrus; no pasa por aquí, y además en un castillo encantado...

—¡Encantado! Dios nos perdone, dijo con afectado escrúpulo el padre.

—¿No ha oído hablar nunca el padre de la Mora Zelindaja, Zelindaja la Mora?..., siguió Ferrus con dificultad, y riéndose á cada palabra con la estúpida expresión de la embriaguez.

—¡Hola!

—¡Voto va!, pues la Mora... rico vino es éste, padre; ¿no bebéis?