—Proseguid, dijo el padre haciendo con su mano un ademán de agradecer el ofrecimiento.

—La Mora, pues... vaya otro trago, señor Rui Pero.

—¿Y la Mora?, preguntó el padre.

—La Mora... Zelindaja queréis decir, la que está encantada en la torre...

—¿En la torre?

—Sí; aquí arriba sobre nosotros. ¡Pero qué vino! ¡qué paladar! ¿os dormís, señor Rui Pero? ¡voto va!

—¿Conque arriba?, preguntó el padre.

—Por ahí la llaman la Mora, y dicen que aparece, y que... ¡ah! ¡ah! ¡ah!, añadió Ferrus soltando una carcajada, y mirando el vino que contenía aún la copa. ¿Qué hacéis vos ahí, prosiguió vuelto en seguida á los que le servían la mesa, escuchando, espiando, á ver si se me escapa alguna imprudencia? Belitres. Si esperáis á que yo os diga dónde está el preso... larga la lleváis. Fuera de aquí; llamaremos cuando os hayamos menester.

Diciendo y haciendo, levantóse Ferrus con trabajo, y cerró la puerta después que hubieron salido los sirvientes, espantados de las palabras del alcaide.

—¿Conque el preso... señor alcaide... prosiguió Peransúrez, que así como su compañero no perdía una palabra ni una acción de las que se le escapaban al imprudente mancebo.