Que airado el numen de la torpe lira
Rompa las cuerdas que mi indigna vena
Vendiere á la lisonja ó la mentira.
Y contento seré si en justa pena
De la verdad hollada que desdeño,
Á que nunca la diga me condena.
Consiento en que, mirándome con ceño
La musa airada, que mi fuego aviva,
Mis versos den, á quien los viere, sueño.
Quiero, en fin, que por pena me prescriba
Un moderno Calígula, en mi mengua,
Que aquellos versos que adulando escriba,
Borre yo mismo con mi propia lengua.
NOTAS:
[4] Nada hay más justo ni más plausible que un ayuntamiento que en nombre de la población que representa, agradecida, festeja dignamente á su monarca; nada más laudable que un poeta que pulsa dignamente la lira en honor de su soberano; pero nada más impertinente tampoco que el graznido desapacible de mil aves importunas que se atraviesan á perturbar el contento público con sus desconcertados chirridos. Á un soberano sólo se deben rendir homenajes dignos de su majestad. Así, pues, sólo son objeto de nuestra sátira los malos versos de circunstancias. Quien quiera ver en ella otra cosa, traspasará nuestra idea. Sabemos que de todo se puede hacer mal uso: el espadero hace la espada para defensa de los derechos de la sociedad, y el asesino la convierte en daño de esa misma sociedad. El mal no está en el artífice ni en la espada, sino en el asesino. Así la malicia nunca estaría en nosotros, sino en el malicioso. El que ciertas cosas quiera volver en mal capaz será de envenenar el aire que respiramos. ¡Gloria, pues, al soberano! ¡Gloria á la corporación ilustre que sabe festejarle dignamente cuando la ocasión se presenta! ¡Odio eterno á los malos versos que vienen á deslucir tan justos sentimientos!
[5] Conservatorio de Artes.
[6] Museo de Pinturas.