Que eso de echarse, Andrés, en mil confusas
Y altisonantes voces sin sentido
Á buscar por las nubes garatusas,
Y amontonar á tientas de seguido
Sin salir del eterno formulario,
Que ni es del ensalzado apetecido,
Encomio sobre encomio mercenario,
Más que incensar á un hombre generoso
Es tirarle á la cara el incensario.
Mejor como el de Aguino vigoroso,
En levantar diviértome una ampolla
Con cada verso al necio y al vicioso;
El estruendo dejando y la bambolla
Del estro metafórico afectado
Al que ha de echar sus versos en la olla.
Ni pido, ni ambiciono: bien hallado
Me estoy con esa honesta medianía,
En que es independiente el hombre honrado.
Ni he menester para atacar un día,
Como es feudo, á mi rey, que el oro suyo
Descienda á desatar la lengua mía.
Mas reniego de ti, si el numen tuyo,
Andrés, á todo viento se menea,
Y que eres torpe adulador concluyo.
¿Versos al que en la cuna bambonea?
¿Y al que vive más versos y al que muere?...
¡Mal haya quien los haga y quien los lea!
Yo quiero por mi parte, si acudiere
Á importunar al Dios que nos inspira,
Para versos que un necio me pidiere,