—¿De negro?

—Quien me ha dado estos detalles ha dicho que no sabía más del particular, pero paréceme, Elvira, que te ha suspendido esta escasa noticia que apenas basta para fijar mis ideas: ¿conoces algún caballero de esas señas?...

—No, señora... son tan pocas las que me dais...

—Estás sin embargo inmutada...

—Guiomar está aquí ya, interrumpió Elvira, como aprovechando esta ocasión que la libraba de tener que dar una explicación acerca de este reparo de la condesa... ella nos dará cuenta de...

—Guiomar, dijo levantándose doña María de Albornoz al ver entrar á su mensajera de vuelta de su comisión, Guiomar, ¿es mi esposo quien ha llegado?

—Sí, señora, es don Enrique de Villena.

—Elvira, nuestros esposos.

—No, señora, viene sólo con su juglar y con el escudero del caballero del negro penacho, que llegó esta mañana al alcázar.

—Mi corazón me decía que tenía algo de común un suceso con el otro... ¿Y por qué tarda en llegar á los brazos de su esposa, Guiomar?