—Usted tendrá la bondad de enmendar lo que no le parezca bien; y como usted entiende eso de darla al teatro... y las diligencias que hay que practicar...
—¡Ah! ¿Usted quiere que se represente?
—Sin duda... le diré á usted: el dinerillo que saque es para él...
—Sí, señor, dijo el muchacho, y papá me ha prometido hacerme un vestido negro para cuando acabe una tragedia excelente que estoy haciendo...
—¡Tragedia!
—Sí, señor, en once cuadros... ya sabe usted que en París no se hacen ya esas obras en actos... sino en cuadros...
—Es una tragedia romántica. El clasicismo es la muerte del genio, como usted sabe... ¿Le parece á usted que se podrá representar?
—¿Y qué inconveniente ha de haber?
—Le diré á usted, interrumpió don Cándido, tiene dada ya una comedia de costumbres.
—Con perdón de usted, se apresuró á decir Tomasito: cuando la hice no había leído á Víctor Hugo: ni tenía los conocimientos que tengo en el día...