—¡Ay! ya.

—Pues mi hijo dió esa comedia, y verá usted lo que sucedió, á mi entender. Entregámosla á un sujeto que corre con recibir las comedias: dijo que era corriente; y que la enviaría á la censura: la envió, pues.

—Papá, perdone usted, primero se perdió...

—Cierto... se perdió, y nunca se pudo encontrar, y hubo que sacar otra copia, y pasó á censura.

—Papá, perdone usted; que antes fué al corregimiento.

—Es verdad: fué al corregimiento, y de allí... pasó después á la censura eclesiástica; por más señas que fué á un excelente padre, y en un momento, esto es, en un par de meses, la despachó: volvió al corregimiento y fué de allí á la censura política: en una palabra, ello es que en menos de medio año salió prohibida.

—¡Prohibida!

—Sí, señor, y yo no sé á la verdad... porque mi comedia...

—Diga usted que hicieron bien, señor Fígaro: ¡¡¡éste escribe siempre con una intención!!! lo que ha mamado en sus libros... baste con decirle á usted que su madre se moría de risa al leerla, y yo lloraba de gozo... hubo que rehacerla... y por fin se logró que pasara la nueva.

—¡Hola!