Vamos á otra cosa; ¿no hay facciosos en Portugal, querido Silva? ¿Hay país más raro? ¿Cómo podéis vivir sin facciosos? ¿De qué habláis pues? ¿á quién perseguís? ¿de qué llenáis vuestra gaceta? ¿Vivís sin partes oficiales, sin sorpresas? Raro me habían dicho que era Portugal, pero no tanto.

Dolorosa me ha sido la muerte de vuestro don Pedro, muy dolorosa, más por afición que le tenía, que por creer que os fuese necesario. Sin ir más lejos, aquí no hemos tenido don Pedro, y nos hemos pasado sin él: verdad es que también nos pasamos sin otras cosas. ¿Es posible que en Portugal nadie tiene miedo á los liberales? ¡Lo que va de un clima á otro! Lo mismo sucede con esto que con las tarántulas, que en tierra de Tarento son ponzoñosas, y en países más fríos no; por acá los liberales son tremendos; así es que les tenemos, no diré un miedo cerval, pero sí un miedo ministerial. Si el liberal, sobre todo, ha emigrado, y si necesita empleo para vivir, es cosa muy perjudicial: los liberales buenos son los que no han emigrado, ni se han estado aquí, y los que no necesitan comer para vivir. Los demás llevan siempre la anarquía en el bolsillo. En Portugal, por el contrario, los temibles eran los miguelistas; aquí no: aquí los carlistas son como si dijéramos de casa... pero baste en este punto.

Por las gacetas, dices, conoces que lo de Vizcaya va bien; yo lo creo: un señor procurador bien informado ha dicho no ha mucho en el Estamento que el año pasado tenía la facción unos dos mil hombres, y que en el día cuenta veinte mil; me parece, pues, que no puede ir mejor; la facción parece deuda del Estado según crece.

Preguntarásme de dineros: en eso sí que estamos bien: ya sabes por la mucha filosofía que has estudiado, que no es más rico aquél que tiene más dinero, sino aquél que tiene menos deseos. Por esta regla de eterna verdad, ¿qué nación más rica que la nuestra? Aquí nadie desea más de lo que tenemos: ¡mira tú si nos contentamos con poco! En realidad no falta casi nada, porque no falta más que dinero. Pero esto se compondrá, Dios y un empréstito mediantes.

Por las discusiones del Estamento te enterarías de como la España no está bastante civilizada; en una palabra, bastante madura para instituciones más anchas. Pero si no está madura para eso, lo está en cambio para otras cosas. Para pagar lo que se ha comido y lo que no se ha comido; para reconocer sus deudas y las ajenas está en toda su sazón. Se desgaja del árbol. En punto á deudas está al nivel de las naciones más cultas. Efectivamente, si es señal de madurez en la fruta el estar caída, convengamos en que nuestra patria está más que madura; está pasada.

Con respecto á caminos no hay otra novedad, si es que eso se puede llamar novedad, que el seguir los más de ellos interceptados, incluso el de las reformas. Á bien que siempre nos queda expedito el del cielo, que es el gran camino, y por el cual caminamos á pasos agigantados con toda la paciencia de buenos cristianos: los demás en realidad más son veredas que caminos.

Á propósito de veredas, ya sabrás que han nombrado á Mina para la guerra de Vizcaya. Mina hará una carrera rápida con este gobierno. Un año ha tardado no más en ser empleado. Otro año más, y sabe Dios adónde llegará.

El Estamento de Próceres tuvo antes de ayer una sesión: es probable que tenga otras.—Sabrás como ya se emplean por todas partes los hombres de talento. No se da un solo destino que no sea al mérito.

La milicia urbana ya se ha reunido, no sólo una vez, sino que creo que ha sido hasta dos. Se dice que si dará ó no dará un poquito de servicio las tardes de los días de fiesta en el teatro. Con esto ya verás qué paso lleva Zumalacárregui.

El cólera sigue haciendo en algunas provincias más estragos que un reglamento de censura.