El informe de la UNESCO sobre la vitalidad y el peligro de extinción de las lenguas ha establecido seis niveles de vitalidad: a salvo, vulnerable, en peligro, seriamente en peligro, en situación crítica, extinta.

«A salvo» significa que todas las generaciones hablan la lengua y que su transmisión de una generación a otra es continua. El atlas no incluye estas lenguas.

«Vulnerable» significa que la mayoría de los niños habla la lengua, pero que su uso puede estar restringido a determinados ámbitos, por ejemplo al hogar familiar.

«En peligro» significa que los niños ya no aprenden la lengua en sus familias como lengua materna.

«Seriamente en peligro» significa que los abuelos y las personas de las viejas generaciones hablan la lengua pero que los miembros de la generación parental, si bien pueden comprenderla, no la hablan entre sí, ni tampoco con sus hijos.

«En situación crítica» significa que los únicos hablantes son los abuelos y las personas de las viejas generaciones, pero que únicamente usan la lengua de manera parcial y con escasa frecuencia.

«Extinta» significa que no quedan hablantes. El atlas contiene las lenguas extintas desde los años 1950.

# Cómo definir una lengua en peligro

¿Cuándo está una lengua en peligro de extinción? Según el sitio del atlas interactivo, «una lengua corre el peligro de desaparecer cuando sus hablantes dejan de utilizarla, cuando van restringiendo su uso a ámbitos cada vez más reducidos, cuando recurren cada vez menos a sus registros y estilos idiomáticos, o cuando dejan de transmitirla a la generación siguiente. Un solo factor no es determinante para afirmar que una lengua se halla en peligro de desaparición».

Según los expertos de la UNESCO, nueve factores deben considerarse en su conjunto: (1) la transmisión del idioma de una generación a otra; (2) el número absoluto de sus hablantes; (3) la proporción de sus hablantes con respecto a la población total; (4) los cambios en los ámbitos de utilización del idioma; (5) la capacidad de reacción de la lengua ante los nuevos ámbitos de actividad y los medios; (6) la disponibilidad de material destinado a la alfabetización en el idioma y la enseñanza de este; (7) la actitud ante el idioma y la política lingüística de las autoridades gubernamentales y las instituciones, comprendida la cuestión de su reconocimiento y uso oficiales; (8) la actitud de los miembros de la comunidad de hablantes hacia su propio idioma; (9) la cantidad y calidad de documentos en el idioma.