Entre las aclamaciones populares que piden la extensión del imperium y la palabra sobria de los estadistas que se sublevan contra él, el presidente parece dispuesto a seguir las indicaciones de las primeras y ha impartido sus instrucciones en ese sentido, a los comisionados que en París ejecutan sus mandatos. España tratará de alegar que en el protocolo de suspensión de las hostilidades no se hablaba de la cesión de las Filipinas, y que la entrega de Puerto Rico ha sido en calidad de idemnización por los gastos de la guerra. Es demasiado tarde para ella y al fin tendrá que aceptar las condiciones impuestas por el vencedor.
IV
UNA VISITA A AMHERST
El colegio de Amherst, es una de las más interesantes y típicas instituciones de enseñanza que existen en este país. Sin tener el abolengo ilustre ni la antigüedad de Harvard o de Yale, su situación especial le da un carácter peculiar que han ido perdiendo poco a poco los anteriormente mencionados. Uno de sus encantos principales es el escenario en que se encuentra situado. Amherst, es la ciudad estudiantil por excelencia, un centro en que todo invita al trabajo intelectual y al cultivo del espíritu. He pasado algunos días viviendo la vida de la academia, y creo interesante registrar algunos datos relacionados con aquella tebaida científica.
La existencia de Amherst data de 1821. El actual instituto sucedió en aquella fecha a la academia de Amherst, fundada en 1814, época en que los residentes de Hampshire suscribieron la cantidad necesaria para su sostén. En los ejercicios inaugurales, la tradición recuerda que tomó la palabra el famoso Noah Webster, como presidente del consejo directivo. El colegio abrió sus puertas con tres profesores y 49 estudiantes. El manejo del colegio corresponde al referido consejo directivo, cuyo número de miembros no puede exceder de 17, de los cuales siete deben ser clérigos y el resto laicos. Sin embargo, el colegio no es sectario y no existen restricciones congregacionalistas en él. El control interno de aquel plantel está en manos de la facultad, compuesta de un funcionario ejecutivo, que es el presidente del colegio, y unos 30 profesores y conferenciantes. En 1882 la facultad asoció a la dirección del instituto un cuerpo de 10 estudiantes, bajo el nombre de Senado colegial. Los miembros de esta pequeña asamblea, son elegidos por sus respectivas clases, de acuerdo con los reglamentos establecidos y en la siguiente proporción: cuantro seniors, tres juniors, dos sophomores y un freshman. El presidente del colegio dirige las reuniones del senado y puede vetar cualquiera de sus resoluciones. Los departamentos de instrucción se dividen en filosofía, historia y arte, lengua y literatura, y ciencia. El estudiante puede elegir entre un curso clásico o un curso científico, lo que lo autoriza para recibir en el primer caso el diploma de Bachiller en artes, y, en el segundo el de Bachiller en ciencias. Todos los estudiantes están obligados a seguir las clases del primer año. Después de él existe gran libertad de elección de materias cursadas. Los estudios electivos consisten en griego, latín, francés, alemán, italiano y sánscrito; cursos completos de retórica y oratoria, lógica, literatura inglesa, biología, criptogámica y fenográmica; zoología, fisiología y biología general, etc. Los estudios de geología y mineralogía del colegio de Amherst, gozan de una gran reputación en este país. Un amplio gabinete de física facilita el cultivo de esta materia y tiene elementos especiales para instruir a los alumnos en la parte relativa a la electricidad. También existen cursos de astronomía, para los cuales el colegio cuenta con instructores distinguidos, y como en todos los institutos análogos de los Estados Unidos, en Amherst, se presta una atención preferente a la cultura física de los alumnos.
El número actual de estudiantes de Amherst es de unos cuatrocientos cincuenta. Muchos de ellos carecen de medios amplios, pero la ciudad, a pesar de sus proporciones reducidas, les facilita ocasiones de ganarse la vida y poder continuar sus estudios. El costo de la educación en Amherst, es a menudo un motivo de seria preocupación para una familia. Según una publicación reciente, fundada en investigaciones realizadas entre los alumnos, el menor gasto anual de un joven estudiante alcanza a 308 dólares, sin contar sus desembolsos durante el tiempo de vacaciones. Un gran número de estudiantes gasta menos de 400 dólares por año, pero la mayoría necesita de 475 a 675 dólares anuales. Se han publicado cuadros en que los gastos están calculados en cuatro escalas diferentes. He aquí los resultados obtenidos, que me parece vale la pena de reproducirse:
Costo de vida y educación en Amherst
| Barata | Económ. | Liberal | Costosa | |
|---|---|---|---|---|
| Enseñanza | 110 » | 110 » | 110 » | 110 » |
| Libros | 8 » | 15 » | 20 » | 35 » |
| Alojamiento | 12 » | 30 » | 75 » | 200 » |
| Combustible y alumbrado | 11 » | 15 » | 25 » | 40 » |
| Pensión | 111 » | 129 50 | 148 » | 222 » |
| Mueblaje (promed. anual) | 10 » | 15 » | 30 » | 40 » |
| Ropa | 50 » | 70 » | 150 » | 200 » |
| Lavado | 10 » | 15 » | 25 » | 40 » |
| Cuotas de sociedad | — | 20 » | 20 » | 20 » |
| Utiles de escritorio | 5 » | 10 » | 15 » | 20 » |
| Subscripciones | — | 5 » | 20 » | 40 » |
| Varios | 30 » | 35 » | 50 » | 60 » |
| 357 » | 469 50 | 688 » | 1027 » |
El departamento de educación física y de higiene de Amherst merece una mención especial. Los estudiantes están obligados a hacer cierta cantidad de ejercicios físicos diarios bajo la vigilancia y dirección de un médico. Con ese objeto se fundó un gimnasio en que la condición física personal de cada estudiante es examinada antes de prescribírsele el ejercicio que la experiencia demuestra como más benéfico para su salud. Anexo al gimnasio existe un departamento antropométrico, donde los alumnos son examinados, medidos y sometidos a prueba en cada una de las funciones esenciales de su cuerpo, tres veces durante el curso. El estudiante a quien se encuentra defectuoso o mal desarrollado es sometido a un régimen especial en beneficio de su salud y de su desarrollo futuro.
Existen en Amherst numerosas sociedades fraternales de estudiantes, designadas por letras griegas y entre las cuales merecen una mención especial la Alpha, Delta, Phi, la Psi, Upsilon, etc. La formación de aquellos clubs o centros estudiantiles ha sido muy discutida en los Estados Unidos, especialmente por su carácter secreto. Sin embargo, las autoridades del colegio los consideran benéficos y refiriéndose a ellos el ex presidente de Amherst Mr. Julius H. Seelye, escribe lo siguiente:
«Otros podrán dar una opinión más exacta que yo, a propósito de las fraternidades colegiales en otras partes; pero en cuanto concierne a Amherst, sólo puede haber un juicio favorable respecto a ellas. Sin lugar a duda, ofrecen aquí una benéfica energía, tanto sobre el colegio como sus miembros individuales. La combinación es fuerza sea entre jóvenes o viejos; y cuando los hombres se reúnen persiguiendo buenos fines pueden esperarse mejores resultados que si aquellos fines fueran perseguidos por individuos aislados. El propósito de aquellas sociedades es ciertamente bueno. Ellas no están simplemente constituidas para la diversión, aunque son una de las más fructíferas fuentes de placer en la vida de colegio de un estudiante. Su principal objeto es el mejoramiento de sus miembros, mejoramiento en cultura literaria y en carácter varonil. Todas ellas son sociedades literarias. No hace mucho, se trató de introducir entre nosotros una nueva sociedad con fines prominentemente sociales más bien que literarios; pero la tentativa no sólo dejó de recibir el asentimiento necesario del presidente del colegio sino también encontró una gran oposición de parte de la mayoría de los estudiantes. Uno de los más felices caracteres de la vida social de Amherst está relacionado con las casas de las sociedades. No existen mejores residencias en la aldea, ni mejor mantenidas que ellas. No son lujosas sino limpias y de buen gusto. Están rodeadas de jardines; el precio de sus habitaciones no es mayor que el promedio del de las otras casas, y no solamente proporcionan a los estudiantes que las ocupan un lugar agradable sino que el cuidado de la casa y sus alrededores es por sí mismo una cultura. No es necesario objetar a esas sociedades por ser secretas. Secretas son principalmente en el nombre; en realidad su carácter secreto no es más que esa reserva propia al más familiar contacto entre familias y amigos. Tratadas como las sociedades lo son entre nosotros y ocupando el lugar que ocupan su carácter secreto no produce mal alguno. En vez de promover camarillas y cábalas en realidad, éstas han disminuído en el colegio después de la organización de las fraternidades. La rivalidad que existe entre ellas es sana, y conducida abiertamente y de una manera viril. Las sociedades deben devolver al colegio el tono que han recibido primero en él. Estoy convencido que en cualquier colegio en que prevalezca una vida elevada y pura, las sociedades alimentadas por su fuente producirán corrientes brillantes y vivificadoras. Ciertamente ellas alegran y refrescan toda nuestra vida de colegio en Amherst.»