A sus Poesías siguen sus estudios literarios, interesantes historias acerca de nuestra vida intelectual, revelaciones curiosas de un ambiente sahumado con los más puros óleos románticos, interpretaciones amables de obras y caracteres estudiados con la mejor voluntad y la mayor simpatía.

Hace varios años que leí Recuerdos literarios y Confidencias literarias; sin embargo, aun conservo la grata sensación que entonces me produjeron. Naturalmente que para estudiar esas obras es necesario ajustarse a los pocos años del autor y a las influencias que pudieron pesar sobre él, solicitado como estaría, sin duda, por elementos poderosos, cuales son el amor hacia aquellas personas que sienten como nosotros y comparten las inquietudes que provienen de la aspiración a un ideal común. Empero, García Mérou revela en esos libros buenas cualidades de narrador fácil y ameno. Pocos son los que pueden jactarse de una habilidad semejante. Ciertamente, el señor García Mérou profesa el irrefutable principio de que para ser leído es indispensable hacerse leer. Sus estudios, sea de la índole que fuesen, resultan de una lectura en extremo agradable.

El espíritu del lector no se fatiga con descripciones sutiles, ni en complicados meandros, ni en prodigiosas arquitecturas verbales, sino que, por el contrario, entra de lleno en la amable glorieta, construída con la más fina elegancia. Su estilo, fácil y pletórico, se adapta, sin esfuerzo aparente, a las veleidades de su imaginación y sigue sin tropiezos el rumbo que el pensamiento quiere imprimirle, revistiéndolo, al pasar, con las formas que la fantasía, contenida a menudo, dejó escapar como a su pesar. La frase es ancha, abundante en palabras sonoras, acertada en la elección de los vocablos, poco trabajada, declamatoria a veces y a veces también de una contextura de hierro.

En muchas ocasiones créese estar ante un enorme periodista, imbuído en toda clase de asuntos. Su sorprendente facilidad para pasar de un punto a otro totalmente diverso y tratar en un espacio reducido las materias más opuestas, la copiosidad de datos con que ilustra sus estudios, hacen efectivamente de este autor el más grande y completo de los periodistas argentinos.

Pero García Mérou posee también en alto grado apreciables dotes de escritor y de artista. Su obra, múltiple y conceptuosa, da a conocer diferentes fases de su talento.

En los Estudios Americanos el pensamiento se robustece; la observación, el análisis de costumbres y tipos, la vida, en fin, de esa gran nación que es Estados Unidos, tiene en el señor García Mérou un crítico admirable.

Divulgador entusiasta de todo lo que constituye el progreso y la gloria de aquel país, describe con precisión y verdad absolutamente sinceras la complicada máquina del organismo gigantesco de ese pueblo joven que posee una grande alma viril, espoleada por los más irresistibles empujes de perfeccionamiento y torturada por las más desesperadas bravuras de la energía, que es allí un síntoma de su fuerza y de su voluntad, que se diría fabulosa si no supiéramos que es humana.

García Mérou no podía permanecer indiferente en medio de aquellas poblaciones. Su espíritu culto y expansivo, tenía necesariamente que sentir la palpitación del coloso. Observándolo, estudiándolo de cerca, sin precipitación, es como ha obtenido los resultados que nos es dado palpar. No se ha llevado de opiniones ajenas, ni ha escuchado tampoco la voz de algunos escritores europeos reacios a la maravillosa enseñanza que encarna una nación que en pocos años de vida propia y de independencia política ha obtenido los beneficios que todo el mundo puede admirar, sino que ha tomado el camino que le ha trazado su criterio individual, el conocimiento de las instituciones y de los hombres, la experiencia y el estudio adquiridos diariamente, en el contacto con aquella sociedad, a quien conferencistas amables y almibarados psicólogos hicieron vanamente, por cierto, blanco de sus embestidas inútiles y de sus ironías inofensivas.

El autor de este libro, empero, no lleva su admiración hasta creer que todo lo que se produce en el seno de aquel país es de una bondad prodigiosa.

Su juicio es, antes que todo, sincero. Cuando halla algo impropio, o de dudoso buen gusto, o de calculado propósito o de bajo interés o sencillamente rastrero, lo dice claramente, de modo que todos puedan oirlo; así como cuando se encuentra en presencia de un fenómeno que suscita su entusiasmo, lo que no es difícil que suceda a menudo tratándose de los Estados Unidos, su admiración es espontánea y sin restricciones su elogio. Y no se piense que el lector permanece ajeno a esas efusiones de su temperamento. Sea cuando alaba como cuando critica, García Mérou se cuida de hacer resaltar con precisión el objeto ensalzado o vituperado. Posee la excelente cualidad de presentar tan claramente las cosas que lo preocupan, que uno no puede menos de sentirse arrastrado y compartir con él la admiración y la censura. Ahí es donde se reconoce su criterio imparcial y su juicio exento de prejuicios anteriores a su propia observación.