Buscando refugio en los Estados Unidos, fué Hidalgo detenido antes de llegar á la frontera. Se le fusiló el 1.º de agosto de 1811.
El historiador de Méjico, mejicano él mismo, don Lucas Alamán, trata con harta dureza al cura Hidalgo. Sus errores, ciertamente, fueron numerosos y perjudiciales para la causa que con ardor defendía; pero no es justo acusarle de hombre sin plan, sin principios, sin ideas, como hace el mencionado historiador, pues demostró lo contrario en circunstancias adversas.
En cuanto á los errores, los pagó con su vida y murió con el valor de los héroes.
Cubra sus faltas el piadoso manto del olvido; pero viva su nombre en la memoria de los americanos.
MORELOS
José Morelos y Pavón nació en Valladolid (Méjico) en 1765. En la misma ciudad, pero algún tiempo más tarde, nació Agustín Iturbide. Ambos vallisoletanos sirvieron á la causa de la Independencia; pero el uno, Morelos, fué vencido y ejecutado; el otro, Iturbide, se hizo proclamar emperador, lo cual no le eximió de morir igualmente fusilado como mueren en Méjico los emperadores. Morelos se batió por la Independencia mejicana desde que empezó la guerra, tropezando con las dificultades consiguientes y con las fuerzas de los españoles. Iturbide, oficial del ejército real, combatió primero contra sus paisanos y se adhirió después al movimiento cuando su triunfo parecía indudable. El mérito, pues, de ambos caudillos no tiene los mismos grados; por eso los mejicanos, que más tarde fusilaron á Iturbide, hubieran resucitado á Morelos si hubieren tenido medios para hacer ese milagro. La gratitud nacional pone á Morelos mucho más alto que á Iturbide. La ciudad en que nacieron ambos ha cambiado su nombre castellano de Valladolid por el actual de Morelia, sin que el honor que de este modo se ha concedido á Morelos se le haya ocurrido á nadie otorgárselo á Iturbide. Los pueblos se equivocan pocas veces; y aunque los hombres suelen ser injustos cuando se trata de juzgar sucesos ó personajes contemporáneos, el juicio de la posteridad repara casi siempre los errores y las injusticias. Pasadas las pasiones del momento, los intereses que ofuscan y las impresiones personales, queda la historia imparcial, la crítica serena, la razón fría que juzga sin pasión. Por eso los mejicanos enaltecen la memoria del patriota Morelos, y casi olvidan al brillante militar que solo sirvió á la patria en la medida de sus conveniencias y de sus ambiciones.
Hijo Morelos de un artesano humilde y huérfano desde la infancia, debió á la protección de un pariente la entrada en un colegio regido por Hidalgo, otro futuro mártir de la Independencia. Se distinguió en sus estudios y siguió la carrera eclesiástica no sin lucimiento. No bien hubo recibido las órdenes sagradas, desempeñó varios curatos sucesivamente.
Sublevado contra el rey el célebre cura Hidalgo, á quien Morelos tanto conocía, presentósele éste pidiéndole un puesto en la revolución. Hidalgo le improvisó coronel encargándole que extendiera y propagara el movimiento separatista por la región del sur. La primera campaña de Morelos fué tan brillante como afortunada, consiguiendo más de una vez sorprender al enemigo con su tropa irregular de indios y con sus escasos elementos. En 1810 y 1811, las victorias debidas á su audacia le proporcionaron á Morelos muchos recursos de que carecía: cañones, fusiles, armas blancas. El 16 de agosto del último año citado entró vencedor en Tixtla.