«Tente—le dice una hermosa—

La sien reclina en mi seno»;

Y deja caer una lágrima

De sus ojos hechiceros.

Mas el doncel sin mirarla

Avanza y repite: ¡Excélsior!

«Guárdate bien de las ramas

Que tronchó el rayo, al abeto;

Guárdate—dice el anciano—

De los aludes siniestros»,