En las razas decadentes, en los pueblos sensuales y en las almas viles, sólo hay aplausos para el éxito, sólo hay vítores para el vencedor, sólo se ambiciona el triunfo y sólo se admira la riqueza.

Pero la nación chilena se ha mostrado digna, en honra propia, de su glorioso y preferido héroe: de Arturo Prat.

Era la víspera un obscuro, un desconocido oficial de la marina chilena; al día siguiente de su heroico sacrificio había conquistado lugar, y predilecto, en el corazón de sus paisanos y un puesto envidiable en los anales de Chile.

No solamente sus agradecidos compatriotas, sino todos los marinos de todas las naciones europeas y americanas, todos los hombres que admiran la intrepidez, aplauden la bravura y sienten en sus pechos el fuego del entusiasmo, colocan á Arturo Prat en el altar de los héroes.

Perpetúan su memoria monumentos é inscripciones que le ha dedicado su patria agradecida; lleva su nombre una magnífica nave de combate; no hay familia chilena qué no tenga su retrato, cubierto de laureles y coronas, en lugar preferente del hogar.

Porque los chilenos rinden culto á sus héroes y no olvidan nunca las glorias de su patria. Que es la manera de fortalecer la patria y dar vida á nuevos héroes.

Pocas palabras diremos del ilustre varón á quien dedicamos estas líneas. Murió demasiado joven, y su historia es breve: sólo tiene una página.

Pero esa página única de la historia del insigne Prat no se perderá jamás en la sombra del olvido; será tan duradera como Chile, como el Océano, como la Humanidad. Mientras haya hombres de corazón y artistas de sentimiento, y sociedades que no se prostituyan en el culto del becerro de oro, no faltarán patriotas que lo imiten ni poetas que lo canten ni admiradores de una raza que en ambos mundos engendra tales hombres.

No queremos hablar de la guerra entre Chile y el Perú; está fresca todavía la sangre derramada, es demasiado reciente, fué sobrado desastrosa. Pero sí hablaremos del combate naval, tan glorioso para Chile, donde Prat conquistó con la muerte la inmortalidad.

Fué el 21 de Mayo de 1879. La escuadra chilena bloqueaba el puerto de Iquique, sin que la peruana se opusiera. Mas llegó un día en que las fuerzas del bloqueo se vieron reducidas á dos viejos barcos de madera, la corbeta Esmeralda y la goleta Covadonga; aprovechando la ocasión los marinos peruanos, se presentaron repentinamente con el potente acorazado Huáscar y la bien artillada fragata Independencia.