Ruega á Dios por tu madre; por aquella

Que te dió el ser, y la mitad más bella

De su existencia ha vinculado en él.

Que en su seno hospedó tu joven alma,

De una llama celeste desprendida;

Y haciendo dos porciones de la vida,

Tomó el acíbar y te dió la miel.

Ruega después por mí. Más que tu madre

Lo necesito yo... Sencilla, buena,

Modesta como tú, sufre la pena,