Pocas palabras dirigir te baste;

«¡Piedad, Señor, al hombre que criaste;

Eres Grandeza; eres Bondad; perdón!»

Y Dios te oirá; que cual del ara santa

Sube el humo á la cúpula eminente,

Sube del pecho cándido, inocente,

Al trono del Eterno la oración.

Todo tiende á su fin: á la luz pura

Del sol la planta; el cervatillo atado,

Á la libre montaña; el desterrado,