En el firmamento americano brillan astros de todas magnitudes. Wáshington y Bolívar son imperecederos, eternamente visibles como soles que no se apagan, como luminares sin noche y sin eclipse. Otros despiden fulgores menos intensos, ya que no menos puros. No deslumbran, no ciegan, pero guían al caminante por las obscuras sendas de la Historia. Por lo mismo que son menos gloriosos y no tan refulgentes, puede juzgárseles con imparcialidad y sin pasión. Las manchas del sol no se distinguen; pero se verían, si por acaso existieran, las de esos astros sin luz deslumbradora.

Una de las estrellas de primera magnitud en el cielo americano, es Jacobo Monroe, soldado entusiasta de la independencia, notable estadista, virtuoso ciudadano, que figura y aun descuella entre los insignes presidentes de los Estados Unidos.

Nació el 2 de abril de 1759 en el condado de Westmoreland (Virginia). Sus padres le destinaban al foro y, en efecto, principió á cursar la carrera de derecho; pero á los 16 años abandonó sus estudios para alistarse en el ejército de Wáshington y concurrir á la defensa de la ciudad de Nueva York, amenazada por un ejército inglés. Corrió el joven soldado las vicisitudes todas de la guerra. En la acción de Trenton fué herido de gravedad. Monroe se mostró toda su vida orgulloso de la extensa y honda cicatriz que señalaba su frente, verdadera condecoración que daba testimonio de sus riesgos, de sus campañas y de sus servicios. Esas son las únicas y gloriosas condecoraciones que se usan en América, donde no se adornan los pechos valerosos con dijes femeniles y con relumbrones cortesanos de los que se prodigan en Europa.

El joven militar que hacía su aprendizaje de tan ruda manera, sin que se amenguara su entusiasmo patrio, ascendió á capitán en recompensa de su gloriosa herida.

En 1777 fué nombrado ayudante del general Sterling: á sus órdenes se distinguió en los campos de batalla. El mismo Wáshington premió su comportamiento con su promoción á coronel.

Terminada la guerra acabó su carrera de abogado y se estableció en Virginia.

Afiliado al partido demócrata, fué varias veces elegido representante del pueblo.

De 1790 á 1794 fué senador por Virginia, sentándose constantemente en los escaños de la oposición.

Jorge Wáshington, para dar una prueba de deferencia al partido demócrata y estrechar las relaciones de los Estados Unidos con la República francesa, nombró á Monroe ministro representante en París. Mucho contribuyeron el tacto y las ideas de Monroe á la buena armonía de ambas repúblicas; mas su entusiasmo y simpatía por la Francia, en lucha entonces con Inglaterra, no se avenía muy bien con la política de neutralidad que sostenía Wáshington, y vióse éste precisado á llamarle en 1796. El partido democrático se resintió grandemente de esa medida de la presidencia, y el mismo Monroe manifestó también su disgusto en un notable folleto en el que, sin combatir á Wáshington, á quien tenía en gran consideración y estima, justificaba su misión cerca del gobierno francés.

En 1799 fué nombrado gobernador del Estado de Virginia, funciones que desempeñó á satisfacción de todos hasta que el presidente Jéfferson, que sucedió á Wáshington, le mandó en calidad de embajador extraordinario á Francia á fin de concertar la cesión de Nueva-Orleáns, propósito que realizó: pasando después á Inglaterra en calidad de representante de la Unión y de allí á España, á fin de negociar la cesión de otros Estados á la gran república.