El hecho culminante de la vida de Monroe fué el haber derrotado á los ingleses que invadieron la República en 1812 con el propósito de reconquistarla. Incendiaron los invasores el capitolio de la capital; pero tuvieron que reembarcarse vencidos.


BELGRANO

Este apellido figura entre los más conocidos y respetables de América, no ciertamente á la altura de los San Martín y los Bolívar, nunca al nivel de los Wáshington, los Hámilton, los Juárez ó los Bello, pero de todos modos á elevación bastante para ser visto de todos y servir de ejemplo á la posteridad.

El prócer argentino don Manuel Belgrano, general de la Revolución, vino al mundo en Buenos Aires hacia el año 1770. Pasó casi niño á España, cursando jurisprudencia en Valladolid y graduándose en Madrid. Era, pues, doctor en derecho cuando volvió á su patria; pero sus estudios favoritos eran los concernientes á la economía política y á lo que hoy llamaríamos ciencia social.

En 1806, hallándose España en guerra con Inglaterra, fué invadido el río de la Plata por una escuadra inglesa, que atacó á Buenos Aires. Las tropas inglesas de desembarco se posesionaron de la capital, pero no pudieron sostenerse ante la resistencia valerosa de las escasas tropas y de las milicias populares. Por dos veces fué vencida Inglaterra en Buenos Aires, siendo los héroes de la resistencia el coronel Liniérs y el alcalde de la ciudad Martín Alzaga. Belgrano tomó parte, como simple capitán de las milicias urbanas en 1806, como sargento mayor del cuerpo de Patricios en 1807.

Sonó la hora de la Independencia en 1810, y constituído un gobierno en Buenos Aires, fué llamado al poder el insigne Belgrano con otros varios patriotas argentinos.

Los españoles no opusieron en la región del Plata, por falta de recursos, la tenaz resistencia que hicieron en Méjico, Venezuela y el Perú. No fué la lucha tan larga ni tan sangrienta; pero de todas maneras fué necesario reñir algunas batallas con los elementos españoles, muchas con los descontentos, varias con las provincias que querían su propia independencia al mismo tiempo que la de Buenos Aires. Las divergencias y las discrepancias, las notas y los matices eran tantos como pueblos, casi tantas como hombres. Cada ciudadano concebía una forma de gobierno, prefería una solución ó ponía su confianza en una persona diferente. Las dificultades eran grandes, tal vez mayores que en los países donde los españoles combatían con tesón y con bravura, pues su sola presencia constituía una amenaza y aunaba los esfuerzos y las aspiraciones de los independientes.

El Paraguay se negaba á someterse al gobierno constituído en Buenos Aires, y Belgrano, con 700 hombres, recibió la misión de someterlo. Una campaña heroica, pero desgraciada, terminada por un armisticio, obligó á retroceder al general Belgrano con su titulado ejército.