CRISTINA.
Aun el diablo seria eso.
SOLÓRZANO.
El diablo ó la diabla: mi cadena venga y dejémonos de voces; y escúsense juramentos y maldiciones.
CRISTINA.
El diablo me lleve, lo cual querria que no me llevase, sino es esa la cadena que usted me dejó, y que no he tenido otra en mis manos: justicia de Dios, si tal testimonio se me levantase.
SOLÓRZANO.
Que no hay para qué dar gritos; y mas estando ahí el señor corregidor, que guarda su derecho á cada uno.
CRISTINA.
Si á las manos del corregidor llega este negocio, yo me doy por condenada: que tiene de mí tan mal concepto, que ha de tener mi verdad por mentira, y mi virtud por vicio. Señor mio, si yo he tenido otra cadena en mis manos, sino aquesta, de cáncer las vea yo comidas.