Suspiros, lágrimas, sollozos, parasismos, desmayos, con toda la caterva de las demostraciones necesarias, que para descubrir su pasión los buenos enamorados usan, y deben usar en todo tiempo y sazon.
SACRISTAN.
¿Hásle dado alguna música concertada?
SOLDADO.
La de mis lamentos y congojas, las de mis ansias y pesadumbres.
SACRISTAN.
Pues á mí me ha acontecido dársela con mis campanas á cada paso, y tanto, que tengo enfadada á toda la vecindad con el continuo ruido que con ellas hago, solo por darle contento y porque sepa que estoy en la torre, ofreciéndome á su servicio; y aunque haya de tocar á muerto, repico á vísperas solenes.
SOLDADO.
En eso me llevas ventaja; porque no tengo que tocar, ni cosa que lo valga.
SACRISTAN.