PROCURADOR.
Bastantísimamente ha probado su intencion.
ALDONZA.
Señor juez: vuestra merced me oiga; y advierta que si mi marido pide por cuatro causas divorcio, yo le pido por cuatrocientas. La primera, porque cada vez que le veo, hago cuenta que veo al mismo Lucifer: la segunda, porque fui engañada cuando con él me casé; porque él dijo que era médico de pulso, y remaneció cirujano, y hombre que hace ligaduras y cura otras enfermedades, que va á decir de esto á médico la mitad del justo precio: la tercera, porque tiene zelos del sol que me toca: la cuarta, que como no le puedo ver, querria estar apartada de él dos millones de leguas.
ESCRIBANO.
¿Quién diablos acertará á concertar estos relojes, estando las ruedas tan desconcertadas?
ALDONZA.
La quinta...
JUEZ.
Señora, señora, si pensais decir aquí todas las cuatrocientas causas, yo no estoy para escuchallas, ni hay lugar para ello: vuestro negocio se recibe á prueba, y andad con Dios, que hay otros negocios que despachar.