LORENZA.

Señora Hortigosa, váyase, no venga el gruñidor y la halle conmigo: que seria echarlo á perder todo; y lo que ha de hacer, hágalo luego: que estoy tan aburrida, que no me falta sino echarme una soga al cuello, para salir de tan mala vida.

HORTIGOSA.

Quizá con esta que ahora se comenzará, se le quitará toda esa mala gana, y le vendrá otra mas saludable, y que mas la contente.

CRISTINA.

Asi suceda; aunque me costase á mí un dedo de la mano: que quiero mucho á mi señora tia, y me muero de verla tan pensativa y angustiada en poder de este viejo y reviejo: y mas que viejo; y no me puedo hartar de decille viejo.

LORENZA.

Pues en verdad que te quiere bien, Cristina.

CRISTINA.

¿Deja por eso de ser viejo? Cuanto mas, que yo he oido decir que siempre los viejos son amigos de niñas.