ESTUDIANTE.

Salamantino soy, señora mia: quiero decir, que soy de Salamanca. Iba á Roma con un tio mio, el cual murió en el camino, en el corazon de Francia: vine solo: determiné volverme á mi tierra: robáronme los lacayos ó compañeros de Roque Guinarde, en Cataluña, porque él estaba ausente: que á estar allí, no consintiera que se me hiciera agravio; porque es muy cortés y comedido, y además limosnero: háme tomado á estas santas puertas la noche, que por tales las juzgo, y busco mi remedio.

LEONARDA.

En verdad, Cristina, que me ha movido á lástima el estudiante.

CRISTINA.

Ya me tiene á mí rasgadas las entrañas: tengámosle en casa esta noche, pues de las sobras del castillo se podrá mantener el real: quiero decir, que en las reliquias de la canasta habrá en quien adobe su hambre; y mas que me ayudará á pelar la volatería que viene en la cesta.

LEONARDA.

¿Pues cómo, Cristina, quieres que metamos en nuestra casa testigos de nuestras liviandades?

CRISTINA.

Asi tiene el talle de hablar por la boca, como por el colodrillo. Venga acá, amigo. ¿Sabe pelar?