ESTUDIANTE.

La ciencia que aprendí en la Cueva de Salamanca, de donde yo soy natural, si se dejára usar sin miedo de la santa Inquisicion, yo sé que cenára y recenára á costa de mis herederos; y aun quizá no estoy muy fuera de usalla, siquiera por esta vez, donde la necesidad me fuerza y me disculpa; pero no sé yo si estas señoras serán tan secretas como yo lo he sido.

PANCRACIO.

No se cure de ellas, amigo, sino haga lo que quisiere, que yo les haré que callen; y ya deseo en todo estremo ver alguna de estas cosas que dicen que se aprenden en la Cueva de Salamanca.

ESTUDIANTE.

¿No se contentará vuestra merced con que le saque aquí dos demonios en figuras humanas, que traigan acuestas una canasta llena de cosas fiambres y comederas?

LEONARDA.

¿Demonios en mi casa, y en mi presencia? ¡Jesus! librada sea yo de lo que librarme no sé.

CRISTINA.

El mismo diablo tiene el estudiante en el cuerpo: ¡plega á Dios que vaya á buen viento esta parva! temblándome está el corazon en el pecho.