ALGUACIL.
Que no, no, aquí no ha de valer la habladura: vive Dios, que habeis de ir á la cárcel.
SARMIENTO.
Señor alguacil, suplico á vuestra merced que por haberse hallado en mi casa, esta vez no se le lleve: que doy palabra á vuestra merced de darle con que se vaya del lugar en curándome á mi mujer.
ALGUACIL.
¿Pues de qué la cura?
SARMIENTO.
Del hablar.
ALGUACIL.
¿Y cómo?