¡Jesus! ¿tan á la sorda y sin llamar se entra en mi casa, señor? ¿Qué es lo que usted manda?

Entra Solórzano.

SOLÓRZANO.

Usted perdone el atrevimiento, que la ocasion hace al ladron: hallé la puerta abierta y entréme, dándome ánimo al entrarme, venir á servir á usted y no con palabras, sino con obras; y si es que puedo hablar delante de esta señora, diré á lo que vengo, y la intencion que traigo.

CRISTINA.

De la buena presencia de usted no se puede esperar, sino que han de ser buenas sus palabras, y sus obras. Diga usted lo que quisiere; que la señora doña Brígida es tan mi amiga, que es otra yo misma.

SOLÓRZANO.

Con ese seguro y con esa licencia hablaré con verdad; y con verdad, señora, soy un cortesano, á quien usted no conoce.

CRISTINA.

Asi es la verdad.